Por Paula WalkerEl Chile que somos

Entender el país es el primer paso para gobernar. Aunque para ganar una elección no es imprescindible entender el país a rajatabla, para gobernar sí se deben comprender los pliegues y contradicciones que existen de norte a sur. Un equipo puede servir para ganar una elección, identificar miedos, golpear donde hay que golpear, ser ocurrentes creando algunas frases. Nada de lo anterior asegura que se conoce el país que tienen la responsabilidad de conducir. Un ejemplo: no existe un rechazo generalizado a las personas migrantes. A pesar de la criminalización de la última campaña presidencial, las personas saben diferenciar preocupaciones reales y no convertir a grupos como “migrantes” en responsables de problemas sociales.
Lo anterior es una de las conclusiones de la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica 2026. El estudio entrega información para distinguir entre el discurso incendiario de RRSS, la imposición ideológica y la experiencia cotidiana de las personas en la vida real. Otro ejemplo: durante años fuimos un país católico, con un rol principal de la Iglesia en la marcha de lo público. Hoy, solo un 43% se identifica con esa religión y un 33% entre quienes tienen 18 y 34 años. Sin embargo, un importante 72% declara creer en Dios pero a su manera. Como un pacto personal que no depende de instituciones tradicionales como las iglesias.
La situación económica y la esperanza en el futuro son motores de bienestar. En Chile, solo la mitad de quienes contestaron la encuesta cree que su posición económica mejorará en los próximos cinco a diez años. Existe un incremento en las expectativas de que el bienestar social lo provee el Estado, y ya no solo el mérito personal. Un 68% cree que la IA destruirá empleos y solo un 32% considera que aumentará la productividad. No basta con un discurso único sobre innovación, tecnología y promesa de cambio. No es suficiente el ministro Quiroz hablando de recortes fiscales. Eso no alcanza para llevar esperanza a quienes esperan mejorar económicamente.
Dos últimos aspectos para destacar de la encuesta que proyecta el Chile que somos. Existe una tensión entre hombres y mujeres: un 38% de ellas cree que existe un gran conflicto entre ambos, mientras eso lo cree solo un 25% de los hombres. Los primeros son mas conservadores, creen en el matrimonio para toda la vida, más que ellas. Un 19% de los hombres considera que no existe conflicto, y las mujeres solo lo creen en un 10%. El tema no es enfrentarlos, sino identificar qué expectativas comparten y qué condiciones un gobierno debe proveer para construir relaciones más justas.
Finalmente, la encuesta vuelve a ratificar que la confianza está medio rota, pero no en todas las instituciones chilenas. Los partidos políticos y el parlamento están en el piso: un 3% de confianza para cada uno. En el otro lado, las universidades tienen una alta taza de confianza: un 50%. La formación, la educación, el respeto a la diversidad, los argumentos y el cumplimiento del contrato social de las universidades con su comunidad resultan mucho más creíbles que las disputas de poder político.
Por Paula Walker, Académica Usach y profesora Magíster de Políticas Públicas, U. de Chile
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