Opinión

El ocaso de la ultraderecha

Foto: whitehouse.gov

La ultraderecha soñaba con las victorias de Netanyahu, Bolsonaro y los republicanos de Trump. Si ellas hubieran tenido lugar, la marea ultraderechista habría sido imparable. Los gobernantes alineados con Trump encabezados por Milei celebrarían fortalecidos y los que vacilaban habrían terminado plegándose. Escenario catastrófico para el mundo.

En solo diez días cambió el curso de la historia. Netanyahu perdió la mayoría que lo sustentaba como primer ministro, Lula fue reelecto y los republicanos sufrieron una paliza histórica. Netanyahu maniobra para anular las elecciones, Trump no tuvo más opción que aceptar los resultados y Bolsonaro optó por el camino de la fuga.

No hay que sobreinterpretar, pero sendas derrotas en EE.UU. -la primera potencia mundial- y en Brasil -el país mayor de América Latina- marcan lo que pudiera ser el ocaso de la ultraderecha. Fuertes por su mayoría en ambas cámaras, los demócratas podrán abrir investigaciones sobre las arbitrariedades del gobierno Trump y el aumento exorbitante del patrimonio de su familia. Podrán también bloquear nombramientos y nuevos financiamientos, en especial los necesarios para continuar la guerra en Irán.

Sin embargo, Trump no desaparece de la escena. No podrá evitar el síndrome del “pato cojo”, pero puede transformar su presidencia en un búnker mediante las prerrogativas de las que dispone en materia internacional, derecho a veto de leyes aprobadas en el Congreso y la posibilidad de proteger judicialmente a través de indultos a sus más cercanos e incluso a sí mismo como ya lo sugirió.

Para América Latina el triunfo de Lula y la derrota de los republicanos es una excelente noticia. Habrá que ver qué tanto avanza el Escudo de las América y queda en evidencia el error por partida doble que cometieron los presidentes que optaron por la obsecuencia frente al gobierno norteamericano: comprometieron la soberanía y la dignidad de sus países apostando además a una fuerza en declinación.

Por su parte, el triunfo de Lula debiera permitir un reimpulso, pragmático y no ideológico, a la concertación política y a nuevas formas de integración económica. Es posible identificar unos “mínimos comunes” que con la ayuda del liderazgo brasileño contribuyan a sacar a la región de la condición de irrelevancia internacional en la que ha caído durante los últimos años.

En el caso de Chile, hay que valorar la pronta felicitación del Presidente Kast al Presidente Lula y la reafirmación de la importancia estratégica de la relación con Brasil. Pero ese gesto debe acompañarse de definiciones que nos alejen del alineamiento con los EE.UU., resguarden nuestra autonomía y promuevan el trabajo en común en el marco regional y sudamericano. Ojalá así lo entienda el Presidente Kast.

En las nuevas condiciones del mundo hay que aprovechar, mediante acuerdos de trabajo conjunto, la enorme relevancia de nuestras ventajas en minerales críticos, producción de alimentos saludables, biodiversidad, territorio y agua dulce. En este ámbito, se trata de aprender de la experiencia poniendo por delante nuestros intereses por sobre las diferencias ideológicas.

Por Carlos Ominami, presidente de Chile 21 y del Foro Permanente de Política Exterior

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