Por Hernán de SolminihacConectar mejor para volver a crecer

Una empresa puede estar cerca de un puerto y enfrentar altos costos para acceder a sus instalaciones. Una comunidad puede contar con una carretera y quedar aislada cuando falla un puente. Estas situaciones muestran que la conectividad depende del funcionamiento de toda la red y que mejorarla puede contribuir a recuperar el crecimiento y ampliar las oportunidades en Chile.
Volver a crecer de manera sostenida exige recuperar la inversión, elevar la productividad y fortalecer la capacidad de ejecutar proyectos. La infraestructura puede contribuir a esos objetivos al reducir tiempos y costos, facilitar nuevas actividades y mejorar el acceso de las personas a servicios y empleos.
Para lograrlo, debemos planificar redes complementarias. La capacidad de un puerto depende de sus accesos y espacios logísticos. San Antonio muestra la necesidad de coordinar terminales y conexiones viales y ferroviarias con el desarrollo de la ciudad. Cada componente debe responder a la demanda y contribuir al funcionamiento del conjunto.
Lo mismo ocurre con carreteras y ferrocarriles. Su combinación debe evaluarse según los volúmenes de carga, las distancias y los costos de cada corredor. La cobertura territorial y la conexión de última milla deben articularse con las ventajas del ferrocarril para transportar grandes volúmenes, donde este resulte conveniente.
A estas obras se suman las redes digitales. Su aporte a la productividad depende de la cobertura, la continuidad y la seguridad, así como de la capacidad de utilizar la información. Sensores, modelos digitales e inteligencia artificial pueden mejorar el diseño y anticipar necesidades de mantenimiento. Para aprovecharlos, necesitamos datos compatibles y profesionales preparados.
El desafío es transformar los proyectos en servicios operativos. Una cartera anunciada debe superar estudios, evaluación, permisos y licitación antes de convertirse en obra. Comparar alternativas, estimar la demanda y anticipar riesgos desde las primeras etapas puede reducir rediseños y sobrecostos.
Fortalecer la ingeniería temprana debe ser una prioridad. También debemos coordinar los permisos, eliminar duplicidades y dar mayor predictibilidad a las decisiones, manteniendo los estándares ambientales y de seguridad. En las licitaciones, contar con estudios suficientes, competencia efectiva y una adecuada distribución de riesgos favorece una ejecución más confiable.
La resiliencia debe formar parte de estas decisiones. Incorporar el riesgo climático, mantener las obras y preparar su recuperación permite proteger vidas y reducir interrupciones. La evaluación social debe considerar estos beneficios y orientar las inversiones considerando los costos y los beneficios de mantener la continuidad de los servicios.
Chile necesita una cartera de largo plazo, con continuidad entre gobiernos y capacidad técnica para ejecutarla. Las asociaciones público-privadas pueden contribuir donde agreguen valor, mientras que la ingeniería de consulta tiene un papel central desde el inicio de los proyectos.
Conectar mejor para volver a crecer exige que las redes funcionen como un conjunto y que las inversiones se concreten. La prioridad debe ser transformar cada proyecto en servicios que eleven la productividad, generen empleo y mejoren la calidad de vida de las personas y sus comunidades.
*El autor de la columna es profesor titular de Ingeniería UC y miembro del Comité Ejecutivo de Clapes UC
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