Relatos Culto
31 OCTUBRE
17 OCTUBRE
El vuelo hasta Montevideo duró poco más de siete horas. Dormí cuatro. Luego encendí la computadora y me puse a trabajar. Estoy corrigiendo un libro de relatos. Quisiera publicarlo el próximo año. El problema es que mis editores españoles no me acompañan en ese atropellado entusiasmo. No me lo dicen, o no todavía, pero creo que prefieren no publicarme esos cuentos. Si es así, si declinan, si se abstienen, ¿debería buscar otros editores?
La banda de los perejiles: un relato de Jaime Bayly
10 OCTUBRE
Mi padre murió con setenta y un años. Mi abuelo también murió a los setenta y tantos. Yo arrastro sesenta y uno. Sería temerario suponer que llegaré a los ochenta años, un umbral que mi padre y mi abuelo no alcanzaron a cruzar. Sería prudente pensar que me quedan diez años de vida. Me gusta planear mi vida, o lo que me queda de ella, pensando que moriré a la edad en que murió mi padre.
Moriré antes que mi madre: un relato de Jaime Bayly
10 OCTUBRE
“Hora de dormir”, dices, aunque tu lucha contra el insomnio es un largo historial de derrotas. El niño de seis años te sigue a regañadientes. Nunca quiere acostarse, se siente expulsado de la noche de los adultos, de la vida secreta que empieza cuando lo arropas y apagas la luz, ese país prohibido a la infancia.
Desvelo: un relato de Irene Vallejo
04 OCTUBRE
En aquella ocasión, hace más de veinte años, Vargas Llosa me negó el saludo, ofuscado porque yo no era suficientemente crítico con el dictador Fujimori, quien se aferraba al poder y tramaba un fraude electoral que habría de ejecutarse ese año, pero su esposa Patricia, me saludó con el cariño de toda la vida.
Memorias de un pirata: un relato de Jaime Bayly
27 SEPTIEMBRE
19 SEPTIEMBRE
13 SEPTIEMBRE
-Bájese del auto -me ordenó el agente policial, sin pedirme la licencia de conducir ni los papeles vigentes de la registración y el seguro.
Temeroso, lo obedecí en silencio, al tiempo que leía su apellido de origen hispano en la placa que llevaba en el pecho.
Usted pasará la noche en la cárcel: un relato de Jaime Bayly
13 SEPTIEMBRE
De paso por ciudad de Panamá, visité a mi hermano Manuel, a quien no veía hacía más de diez años. Vive en una fortaleza amurallada, rodeado de custodios que darían la vida por él. Es más fácil ver al Papa en el Vaticano que entrar en la ciudadela de mi hermano. El reencuentro, propiciado por él, fue también una reconciliación.
El reloj de mi hermano: un relato de Jaime Bayly
28 SEPTIEMBRE
Tardó pocos días mi exesposa en mudarse a su nueva casa, acompañada de su novio francés. Parecían contentos. Pasaban las tardes bebiendo vino, escuchando música y fumando en el jardín, al pie del roble cuya sombra parecía protegerlos de todas las cosas malas. Tiempo después, una tarde ya de invierno, mi exesposa tocó el timbre de la casa de mi madre, entró deprisa y gritó.
Ha ocurrido un milagro: un relato de Jaime Bayly
05 JULIO
01 FEBRERO
Yo todavía estaba en el colegio, en tercero de secundaria. Mi abuelo materno me enseñó a fumar, a tomar whiskey, a manejar su auto. Me enseñó a odiar a los curas y los militares. Me enseñó a ir al cine para ver películas de adultos donde salían mujeres desnudas. Me enseñó a ver el culo de las mujeres, relamiéndose. Me enseñó a odiar sin culpa a los enemigos. Me enseñó que el rencor era una forma de resistencia.
Renuncio a ser tu padre: un relato de Jaime Bayly
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