Baja natalidad
SEÑOR DIRECTOR:
La pérdida de 141 mil estudiantes en seis años no debiera sorprendernos. Es la consecuencia de una caída de los nacimientos que conocemos. Lo preocupante es que algo tan previsible nos encuentre discutiendo sus consecuencias cuando ya tensionan a las comunidades.
En un estudio que publicamos en la Revista Médica de Chile documentamos una disminución de 24,5% en los nacimientos entre 2010 y 2022. Las generaciones que ingresarán a la escuela durante los próximos años ya nacieron. Sabemos que serán menos numerosas: esperar cierres de colegios para responder significa desperdiciar información que debiera orientar decisiones desde ahora.
Esa demora tiene costos humanos. Una escuela que cierra puede dejar a una comunidad sin su principal lugar de encuentro; el retiro de servicios puede obligar a una familia a trasladarse o dejar a una persona mayor más aislada.
Necesitamos exigir que las decisiones sobre educación, vivienda, transporte, salud y cuidados incorporen escenarios demográficos. Publicar proyecciones sin traducirlas en medidas concretas y responsabilidades institucionales es insuficiente.
También debemos abordar las barreras que impiden concretar proyectos familiares. La inseguridad laboral, la vivienda y la organización de los cuidados requieren respuestas sostenidas. Una sociedad debiera procurar que formar una familia sea una posibilidad real, respetando a quienes eligen otros proyectos de vida.
La trayectoria demográfica seguirá desplegando sus efectos, y precisamente por eso debemos actuar ahora. Conocemos la tendencia y tenemos margen para prepararnos.
Nicolás Fernández
Médico
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